PADILLA C., DOUGLAS S. y LOPEZ E. “Yo Argumento”, Resumen del capítulo 1, p.p 19-32
PADILLA C.,
DOUGLAS S. y LOPEZ E. “Yo Argumento”, Resumen
del capítulo 1, p.p 19-32
Este texto explica cuestiones teóricas y prácticas que sirven para
lograr entender en su totalidad determinados aspectos fundamentales de los
llamados textos argumentativos, que pueden ayudar a mejorar su comprensión y
producción.
En nuestra vida cotidiana hacemos uso de la argumentación, con mayor o
menor conciencia de ello. Sus textos circulan en contextos muy diversos y
tienen un modo de lectura específico. A la hora de realizar un texto
argumentativo es importante saber quién es el enunciador, persona que escribe
el texto, desde qué postura lo hace (punto de vista o tesis), cómo sostiene esa
postura (razones o argumentos), para qué (propósito), para quién lo escribe (destinatario),
en qué contexto histórico, social y cultural lo escribe, con quien comparte su
postura (argumentos de autoridad); y con quién no comparte su posición (tesis
y argumentos adversos). El punto de vista o tesis que
queremos plantear debe ser expresado a partir de un objeto
de opinión o discusión, que debe
ser respaldado adecuadamente, con argumentos razonables, que logren
convencer al lector.
Este primer capítulo explica, que desde el momento en que conseguimos
dar razones explícitas (argumentos) de nuestras afirmaciones (tesis o puntos de
vista) a los demás, iniciamos el camino de la razón dialógica, en
el que nos encontraremos con interlocutores virtuales, como las personas y nuestro
alter ego, que cuestionarán nuestras creencias, desestabilizarán nuestras
opiniones. Razón por la cual, nos
encargaremos de buscar motivos para pensar o actuar de una determinada
manera.
Ricardo Maliandi, un destacado filósofo argentino, propuso tres posturas
distintas en un discurso argumentativo, dentro de lo que denomina convergencia
crítica:
·
Postura estratégica: el enunciador utiliza una argumentación persuasiva/ retórica, e
impone su propio punto de vista o refuta el contrario. Sostiene una perspectiva
egocéntrica.
·
Postura comunicativa
divergente: tiende a la resolución del desacuerdo, solo si ésta favorecerá
la opinión propia y no la del oponente.
·
Postura comunicativa
convergente: ambos interlocutores establecen una alianza a la hora de
enfrentarse a un problema. Hay una actitud táctica de pensar que los dos pueden
ganar llegando a un acuerdo.
Maliandi apela a una analogía en la que distinguen dos modos
defensivos (la liebre y el erizo) y dos ofensivos (el tigre y la araña).
Por un lado, dentro del modo pseudo-argumentativo
defensivo, la liebre se esconde para evadir la confrontación de puntos de
vista. Ella logra velozmente mencionar distintas perspectivas acerca del objeto
de opinión o discusión. Mientras que el erizo levanta una pared (las “púas
argumentativas”) para que nadie intente desafiar sus puntos de vista. Por el
otro lado, en lo que comprende al modo pseudo-argumentativo
ofensivo, el tigre cumple el rol de un predador que ve en el interlocutor
una presa a quien hay que devorar, y la araña envuelve, sutilmente, al oponente
con su retórica, a través de una mezcla de argumentos lícitos, falacias bien
disimuladas, citas y proverbios.
El destacado filósofo argentino sostiene que es fundamental evitar que el
rol de estos animales, dentro de una argumentación, se apoderen de nosotros.
Sin permitirles que interfieran en nuestros propósitos de diálogo, los cuales
implican la búsqueda de acuerdos.
Dentro de los aportes del pensamiento
crítico se hallan:
·
Miradas de la argumentación desde una
perspectiva filosófica, la cual se
nutre a través de las teorías de la argumentación, la pragmática, dentro de la
actualidad, y el análisis del discurso.
·
Algunos aportes de la psicología cognitiva y la pedagogía, que ayudan a reflexionar
acerca de la complejidad del hecho argumentativo que sobrepasa lo estrictamente
lingüístico.
A través del movimiento situado en Estados Unidos en los años 60,
evolucionaron notablemente los planteos acerca del pensamiento crítico. Hubo
una evolución desde una
perspectiva monológica, poniendo
acento en la validez de su propia argumentación o de la ajena, hacia una
perspectiva dialógica y dialéctica, que involucra un intercambio entre
diferentes puntos de vista. Se halló un desarrollo en cuanto a las habilidades
generales de pensamiento crítico, que plantea el debate entre habilidades universales
vs. habilidades específicas de dominio, ligadas a los diferentes campos del
saber. Teniendo en consideración la intersubjetividad[1].
También hubo una transformación de
las micro habilidades como analizar argumentos, examinar
supuestos y reconocer contradicciones; que implican comparar perspectivas,
interpretaciones, teorías, refinar generalizaciones, desarrollar una
perspectiva propia, entre otros. Mismo, se desarrollaron cambios cognitivos, llamados virtudes
intelectuales que transforman el pensamiento egocéntrico y parcial en
un pensamiento amplio e imparcial. Éstas, permiten reflexionar
sobre la argumentación desde una perspectiva más amplia, enriqueciendo la
visión lingüística; y se dividen en:
·
Independencia intelectual: disposición y compromiso para el pensamiento autónomo.
·
Curiosidad intelectual: preguntarnos acerca del mundo y buscar explicaciones a las
discrepancias.
·
Coraje intelectual: conciencia de la necesidad de reflexionar imparcialmente acerca de
distintos puntos de vista hacia los cuales tenemos fuertes emociones negativas.
·
Humildad intelectual: reconocer lo que no sabemos, habilitándonos a considerar posturas
distintas a las nuestras.
·
Empatía intelectual: ponernos imaginativamente en el lugar de los demás para intentar
entender sus puntos de vista.
·
Integridad intelectual: mostrar el uso del pensamiento racional, reconociendo la necesidad
de ser veraces y consistentes y practicar lo que defendemos.
·
Confianza en la razón: confianza en que aprenderemos a pensar por nosotros mismos, demostrando
la razonabilidad del planteamiento recurriendo a evidencias, para que éste
resulte convincente y contundente.
·
Imparcialidad: conciencia de la necesidad de considerar todos los puntos de vista sobre
un problema.
Entre los aportes de la teoría de la argumentación Aristóteles
impulsó dos líneas, que se encuentran en tensión constante, aunque, en la
actualidad, se halla un intento de acercamiento entre ambas, la perspectiva
retórica y la perspectiva dialéctica. A su vez, hay cuatro
cuestiones importantes para el avance de dichas teorizaciones:
·
El intento de acercamiento entre
perspectivas retóricas y dialécticas.
·
El énfasis en la consideración de la
argumentación desde una perspectiva interaccional.
·
La necesidad de utilizar factores
emocionales, inherentes de la discusión argumentativa.
·
La conveniencia de articular los
estudios de argumentación con las diferentes líneas de análisis del discurso.
Por un lado, la perspectiva retórica considera la argumentación
una operación discursiva que pone el acento en las estrategias discursivas que
utiliza un enunciador, tratando de influir sobre las opiniones
de un destinatario por medio de un discurso, a través de razones o
argumentos, con respecto a un objeto de opinión.
Se hace uso de la fuerza elocutiva
porque el sujeto trata de cambiar algo en el orden de las ideas o las opiniones
de los demás, poniendo el acento en el aspecto discursivo, verbal, lo cual
difiere de la acción física (la violencia), que es el límite de toda
argumentación. Siendo que hay distintas maneras de influir en el comportamiento
de los demás. Lo que es más, también podemos hacer uso de la perspectiva
retórica justificando algo sin argumentos, retrucando con otra pregunta; cargando
a la persona con la prueba y dejándola sin argumentos.
Una argumentación se da cuando existe un campo problemático o un tema
del cual haya puntos de vista diferentes. Aunque hay que saber distinguir
entre:
·
Una argumentación basada en el
razonamiento, como la argumentación
científica, en la cual las diversas tesis que las apoyan son planteados
abiertamente por el argumentador para convencer a los destinatarios.
·
Una argumentación persuasiva,
se da por ejemplo, en los avisos publicitarios, y en la propaganda y/o discurso
político, que operan sobre la voluntad y los sentimientos, con
el objetivo de persuadir al destinatario.
En el texto se menciona a Grize[2],
quien postuló que la argumentación es un tipo de “esquematización”
discursiva, es decir, la producción de un discurso organizado con el
propósito de intervenir sobre la opinión, la actitud y el comportamiento de
alguien.
El concepto de esquematización de
Grize explica que cada vez que un locutor A produce una “esquematización” a un
interlocutor B, éste construye un “micro-universo” a partir de la realidad tal
como la percibe para B.
El mismo, es una reconstrucción cognitiva del mundo (real o ficticio),
que depende del modo en que A representa la situación, éste construye el
discurso “orientado” a la intención de B, con el objetivo de obtener ciertos
efectos en él. La esquematización propuesta está en función de la finalidad de
A y del tema, “T”, del que se habla. El objeto
de discurso (T) trae aparejada una construcción de A (enunciador) y, por
consiguiente, una construcción de B (destinatario).
Por otro lado, la perspectiva pragma-dialéctica concibe
la argumentación como una discusión crítica, cuyo propósito es contribuir a la
resolución de una diferencia de opinión. La atención se focaliza en la interacción
de interlocutores que buscan resolver un desacuerdo.
Para el estudio de la argumentación, es necesario hacer referencia a tres cuestiones clave del estudio del
lenguaje desde una perspectiva
pragmática: el contexto de uso, las
intenciones de los interlocutores y los implícitos, tanto lo dicho
explícitamente, como lo no dicho. Esta teoría busca encontrar un equilibrio entre
una perspectiva normativa y una descriptiva.
El criterio de consistencia
lógica se complementa con el criterio de consistencia pragmática, lo que permite evaluar la razonabilidad
de los argumentos en función de los contextos de interacción; desarrollando
herramientas para determinar en qué grado una argumentación está de acuerdo con
las normas de una discusión.
La argumentación cotidiana está atravesada por múltiples factores
subjetivos, como las emociones, creencias, pasiones, entre otros; y hay
diversas perspectivas, tanto filosóficas, psicológicas, pedagógicas, como
lingüísticas, que se han abocado al estudio de la argumentación aunque con
distintas denominaciones (pensamiento crítico, discusión crítica, razón
dialógica, etc.). Dentro de este tipo de textos, se destaca la importancia de
un sujeto que intenta imponer su postura ante un hecho discutible, poniendo
acento en la negociación dentro de diferentes puntos de vista, puesto que, no
se prioriza lograr la adhesión a una postura; sino la resolución de un
problema.
[1] La intersubjetividad alude a la
condición de intersubjetivo, un adjetivo que se vincula a lo que ocurre en la
comunicación afectiva o intelectual entre dos o más personas.
[2] Profesor en la Universidad de
Ginebra, quien aplicó los conocimientos de la lógica al análisis y
formalización de los problemas de campos muy diversos. Escribió Lógica moderna
(1969-1973), De la lógica a la argumentación (1982), Ensayo de lógica natural,
entre otras obras.

Comentarios
Publicar un comentario